Magna obra. Magna chamba.

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En la construcción de la linea 10 del metro en el Distrito Federal.

NEWS DIVINE, ME SALIÓ EL TIRO POR LA CULATA

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¡Pinches chamaquitos, ya valió verga! ¡Sáquen el perico!- mi voz quedó ahogada entre el reggaeton y los cantos de los asistentes.

Eramos como 200 elementos los que acudimos puntuales al operativo en la calle 303 de la Nueva Atzacoalco. Nos habían ordenado desalojar el lugar y trasladar a todos los muchachos al ministerio público.

¿Qué buscabamos? Lo de siempre: drogas, armas, sacar a los menores de edad de ese lugar de vicio.

Eso pensabamos hasta que todo se salió de control.

A eso de las 5 de la tarde hicimos el arribo a la discoteca, para algunos elementos ya era un lugar conocido, pues con regularidad se efectuaban visitas de inspección y operativos que duraban escasa media hora sin mayores consecuencias, pero ese día fue distinto.

Era fin de cursos y todos los chamachos de las colonias vecinas acudieron bien encandilados a bailar y a tomar en la “tardeada del año”. Cuando llegamos había una fila inmensa de chavitos intentando entrar, el lugar estaba abarrotado. Junto a la puerta colgaba una cartulina con la advertencia: “Entrada sólo con credencial, no insistas”. Nadie parecía verla.

Los 12 elementos que entramos primero con cuatro agentes judiciales intentamos en principio crear una valla humana desde la pista hasta la salida, es decir, bloqueando la escalera, cómo lo ordenó el jefe Zayas.

Los chavos ni caso nos hicieron, se reían, nos gritaban: “pinches puercos, mejor ponganse a chupar” y cosas por el estilo. Yo ya estaba acostumbrado, siempre hacen lo mismo, pero mis compañeros no eran muy pacientes, de hecho, creo que llegaron con ganas de chingarse a la “bola de vaguitos”.

Desde el principio se dejó sentir el poder de la autoridad. Sacaron a las muchachas de los baños, pateaban a los muchachos y también dejaban resbalar su mano entre las blusas sedosas y húmedas de las chavitas. Todos empezaron a alterarse y no fueron pocos los que retaron a los agentes, comenzando riñas que fueron aplacadas a punta de tolete. Les dije a los compañeros, conserven la calma.

-¡Cállate, Pedro! ¡No te pongas sentimental!- alcancé a escuchar a mi compañero.

Sacaron a 70 y los subieron al único camión que nos mandaron. Se nos ordenó esperar la llegada de más.

Mientras tanto, en medio de la confusión, Alfredo Maya, dueño del lugar, ordenó por el altavoz el desalojo y ante la rechifla general prometió “chelas gratis” para el viernes siguiente; desconectó el equipo de sonido por orden del judicial Cedillo Arriaga (que ya no soportaba el ruido) y al instante ya no hubo más aire. La ventilación estaba conectada al equipo de sonido. Yo me encontraba en loa parte baja de la escalera y junto con otros compañeros trataba de resistir los empujones de todos los que querían bajar; había demasiada gente en la pista y ya en ese momento otro grupo de elementos contenía a la gente en la puerta. No dejaban salir a nadie. Estabamos atrapados a medio camino. El olor a cigarro y solvente comenzó a ser insoportable; todos estabamos bañados en sudor, buscando huecos para respirar. Los ánimos se alteraban cada vez más y algunos de mis compañeros se vieron en la necesidad de mostrar sus armas para asustar a la multitud enardecida, incluso yo, al no aguantar más la presión de unos chavos que querían pegarme, saqué mi R15 y disparé al techo. Arriba pegaban en el techo de metal que cubría la escalera, parecían disparos. La histeria se propagó. La gente caía desmayada, entre el calor y los nervios no soportaron más.

Para este momento, nosotros estabamos también desesperados, era díficil moverse, respirar, resistir. Intentamos desbloquear la salidad de emergencia bloqueada por cartones de cerveza y refresco, fue imposible. Quise tomar mi radio, notificar la falta de oxígeno, pedir que nos dejaran salir. No pude, estaba atrapado en un mar de brazos, cabezas, cuerpos mojados que se comprimían. Ya sin fuerzas, alcancé a recargarme en la barra, no pude hacer nada más que gritar, esperar que los compañeros de la puerta escucharan, liberaran la salida, fue inútil.

Antes de desplomarme, ví a una niña que lloraba, se ahogaba entre dos personas que le apretaban el estómago. Luego se vino toda la gente que estaba arriba, de un sólo golpe empezó a bajar. Pensé en mi hija, pensé en qu no quería ver ésto, sólo quería hacer mi trabajo. Ya no ví más a esa niña, ya no escuche su llanto, luego ya no escuche nada.

Mónica, de 14 años, asidua visitante del lugar, relata: “Cuando llegaron los policías yo ya iba en mi segunda “chela”, me gustaba ir al Divine, porque todos mis amigos iban acabando las clases, además la música era buena y si bailas en las jaulas tu solita te dan las “chelas” gratis. Justo cuando los polis llegaron Vero me prendió un cigarro en el baño porque había mucha gente. Estabamos frente al espejo fumando y comprando gel para el pelo cuanod un pocicia con casco nos jaló hasta la puerta. Yo llevaba una faldita y ya en el pasillo, sentí su manota por debajo, pellizcandome la piel.

Vero quería llorar, nos abrazamos, y sin separarnos mucho caminamos haia la escalera para bajar a la salida. No imaginé que hubiera tanta gente ahí, un montón de policías permanecían inmóviles sapeando e insultando a los chavos, gritaban que bajaramos, pero no se podía. Intenté ser fuerte y cuidar a Vero que estaba muy asustada y pegada a mí. Mis pies no tocaban el suelo, después de un rato, ya no supe qué pasó.

Desperté acostada en la barra, alguien me abanicaba con un sombrero. Cuando abrí los ojos ví a un policía sudoroso que parecía ahogarse, ya estaba bien pálido. Busqué a Vero, no la encontré, grité, todos gritaban. Cuarenta minutos más tarde, logré salir. Sobre la banqueta estaba Vero, blanca, blanca, inmóvil, la abracé, su cuerpo se sentía raro, no respiraba, después de varios minutos, lo entendí. Junto a ella, el policía de la cara sudada recibía masaje en el corazón, no respondía.

No sabía que hacer, me quedé paralizada en medio de la calle. Había desmayados, heridos, muertos. Un señor con un radio en la mano seguía dando instruciones. Alcancé a escuchar cuando le decían “ya ves Memo, la cagaste”. Caminé hacia la avenida, yo sola, sin un zapato, sin una amiga…

El 20 de junio de 2008, gracias a una serie de medidas erróneas llevadas a cabo en el operativo del antro News Divine en la delegación Gustavo A.Madero, en la Ciudad de México, 12 personas resultaron muertas, entre ellos 9 menores de edad y tres policías entre los cuales se encontraba Pedro López García.

Este lugar operaba con liciencia no.1913 firmada por Andrés Lozano Lozano, diputado federal e integrantge de la Comisión de Derechos Humanos.

Se habían realizado varios operativos anteriores y tres cambios de nombre del giro bajo la gestión de Joel Ortega.

Alfredo Maya fue detenido y sigue un proceso legal en prisión.

Guillermo Zayas pagó fianza de un millón de pesos y sigue su proceso en libertad.

Últimas denuncias indicadn que la causa de muerte de los muchachos, no fue por asfixia, sino por fracturas cuasadas por golpes.

El caso sigue abierto.

REVOLUCION

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Trabajos de altura

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